Lo bueno vuelve.
Pierdo el equilibrio si pienso en todo lo demás. Tu has decidido buscarme y ahora yo no puedo sacarte de mi mente ; hay calles que sólo saben hablar de nosotros. No me quedan silencios y los semáforos han acabado por encender todas las luces. Verde . Amarillo . Rojo . Parpadean los relojes y las manos; parpadean las mismas palabras, esas que nunca quieren callarse. Me pierdo hasta que dan las cinco y se asoma el día bajo mis pestañas para decir: ¡Buenos días!. Hace tiempo que las cosas habían dejado de funcionar, que la montaña rusa de mi estómago estaba fuera de servício y que ni yo misma me quería entender. Noviembre no tiene la culpa, pero no dudo que diciembre vaya a solucionar mis fallos de cálculo. Creo que lo mejor es dejar correr las cosas. Queriendo té . Y que mis 765 latidos por minuto dejen sordos a los ciegos, echaba de menos nuestras horas, minutos, segundos, milésimas de segundo, escalones, vueltas de la esquina, balcones, ventanas, pies, fotografías, cenas, prisas, auto...