12:16
Su nombre no importaba. Tenía sonrisas que me dejaban orbitando entre el séptimo cielo y el deseo de posarme sobre la comisura de su labio superior. Le caracterizaban unos andares dignos de un príncipe y unos modales para tratar a cualquier dama como la mismísima reina. Su voz era aterciopelada , de esa que se pasea acariciándote los timpanos y deseas que no se vaya nunca para permanecer ahí hasta que te dispones a acostarte por las noches y así tener la posibilidad de sentirle más cercano. Su fragancia no debía de ser de este mundo, puesto que cuando se te acercaba no podías evitar elevarte y poner esa cara de tonta que daba testimonio de las ansias por probar un simple beso , bastaban cien metro s para notarle a tan solo un centímetro. Mis ojos suponen algo pecaminoso, y lo peor no es eso, sino que su boca al gesticular me invita a ra ptarle para no volver nunca al mundo terrenal. "aunque no me diera cuenta en aquél momento aquello fue importante para mí ...