Ya se había olvidado de sentir o bien, ya no sabía si olvidar era la palabra. Se había aferrado a evitar cualquier sentimiento, cualquiera en relación a empezar a escribir cursilerías, decir bobadas o pensarle más de diez veces al día; se había aferrado tanto tiempo, con tantos hombres pero esta vez, fue débil. Le aconsejaron "vivir", sentir la montaña rusa, sentir hormigas, mariposas y eso que se siente en el estómago o las tripas cuando uno se ilusiona, pero... le aconsejaron mal, o no sé sabe que tanto daño más que beneficio, puede resultar de todo eso. El punto es que ahora no se borra de la mente al hombre que le beso la frente y le dijo despacito "tienes frío" y la cubrío de abrazos. No se borra de las manos, sus manos. No se le quita esa sonrisa de boba al imaginarle, ni se dejan de escuchar las palabras que se pasean entre su oído medio y el oído interno. No abandona el tratar de acordarse de la pequeña laguna mental entre las veinte cervezas y su beso n...