Me gusta que no te vayas de mi cabeza, nunca lo haces, a veces me voy yo de la tuya, nada más y nada menos porque soy volátil como los sueños... corro, me escondo, rebusco. Me pierdo, encuentro todo y no sé qué hacer y vuelvo a ti. Hablo y luego enmudezco, siento en exceso, escribo y tiemblo. Tu sigues constante. Puntual, transformando en ti a mi insomnio, llenando habitaciones de suspiros de todos los sabores, vacíandome y llenándome una y otra vez. Te quedas, esperas y te miro... y yo vago por el mundo y al sentirte lejos, camino despacio y voy de reversa, como estirando las manos para que la distancia sea menos. Te observo y me muerdo los labios… Siempre tengo tantas ganas de quedarme en ti. Deberías suturarme a un pliegue tuyo, átame a un respiro, a un latido, a tus manos que van vacías. Átame a tu oreja izquierda, al lunar que nadie ha visto, a tu labio inferior, al arco de tu ceja. Ánudame a tus brazos que no quiero andar dispersa, quiero sentirme bajo tu cuello, acurrúca...