ni los caminos estrechos,
ni el daño, ni los colchones vacíos, ni las noches.
Aquí estamos nosotros,
y se paran los granos del reloj de arena en un primer abrazo,
y la respiración, y tus lunares.
No existe un te odio o un ya no espero.
Estamos aquí, para quedarnos.
te lo prometo,
en ése instante fue que se paró el mundo.
1 comentario:
El reloj siempre ambivalente, a veces nos ayuda con su pasar lento, y otras nos castiga con su maldita velocidad.
Me ha gustado mucho... :D
Beso!
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